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miércoles, 1 de febrero de 2012

Wislawa Szymborska (1923-2012)

Con su cigarro y café de siempre...
Acabo de enterarme de la muerte de Wislawa Szymborska. Con algunas horas de retraso, es el precio de vivir en el extranjero. Alguien dijo que después de la muerte de una persona como ella, cambia la literatura entera. 


Szymborska, la poetisa polaca, el premio nobel de literatura de 1996.  Tenía 89 años y murió de un cáncer de pulmón. Esta es la noticia oficial -algo fría, lejana y abstracta. Y personalmente, su muerte no me deja indiferente, de hecho me duele, como si la hubiera conocido en algún momento de mi vida. Tal vez… Los poetas cuando crean y publican, nos dejan entrar en sus almas, adentrarnos en sus mundos más íntimos, conocer los miedos, las ilusiones, los sueños, las decepciones, los amores y las muertes. Sí, puedo decir que la conocía.


Nuestro primer encuentro fue en primaria, tendría unos 8 años y me acuerdo que nos hicieron memorizar dos poemas suyos, muy tempranos, de los que los escritores maduros se avergüenzan después de unos años. Sin embargo, Szymborska hablaba sin problemas sobre sus años socrealistas. Sus poemas que leíamos en primaria eran políticos y moralizadores, medio malos, pero hasta hoy día resuenan en mi cabeza algunas frases sueltas. El primer poema era patriótico, ideal para el programa escolar de un país comunista, algo pomposo, pero tenía un inicio que se me clavó en la cabeza y que habla de los sentimientos hacia tu país: 


Sin este amor se puede vivir,
Tener el corazón seco como cacahuate 
(…)
(La plática sobre la tierra patria)

Ahora, después de 8 años fuera de mi querida Polonia, entiendo la ironía de la escritora. No se puede. El segundo poema, tampoco era de los mejores, y otra vez, aun entre las líneas cualesquiera, uno se queda con algo que le toca el corazón: 


(...)
Nos conocemos a nosotros mismos,
en la medida que nos ponen a prueba.
(...)
 (Un minuto de silencio por Ludwika Wawrzynska)


Nos hicimos amigas en preparatoria, nos presentó mi maestra de literatura y ya conocí otro lado de Szymborska. Desde entonces, siempre me refería a ella con familiaridad, por su apellido. Me entusiasmaba escucharla, la admiraba, sus frases perfectas, sus rimas redondas, cada palabra que estaba en su lugar, su sentido del humor, su profundidad. Podía recitar de memoria sus poemas, los citaba en mis ensayos, los ponía en mis diarios. Sus poemas existencialistas están a nivel filosófico de Camus, Sartre o Kierkegaard. Su “Conversación con la piedra”  es una maestría. Gracias a Szymborska, amé la poesía.

Szymborska es difícil de traducir y sin embargo la traducían y la adoraban en otros países. Publicaba poco, pulía cada sílaba de sus creaciones. Sus poemas podrían ser canciones, de hecho varios artistas pusieron música a algunos. Al traducirla, se pueden transmitir ideas, pero es muy difícil imitar el ritmo y estilo personal. Tengo algunos versos preferidos y en español o inglés no tienen el mismo encanto. Me fue difícil encontrar algunas versiones en español  que me gustaran, y no me atreví a traducir nada personalmente y menos en tan poco tiempo. Sería una falta de respeto.
Les dejo con algunos hallazgos bonitos, espero que después de leerlos, podrán decir que conocían a Szymborska y lamenten su muerte conmigo.
 


Discurso en el depósito de objetos perdidos

Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,
y también muchos dioses en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, otra.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,
quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla
y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,
me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,
me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.

Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó
      de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía.

De "Si acaso" 1978       
Versión de Gerardo Beltrán


Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo...

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
No vuelo sobre él, de él no huyo
Entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.
No es mi voz el canto del pez en la red.
Ni de mi dedo rueda el anillo.
Estoy demasiado cerca. La gran casa arde
Sin mí gritando socorro. Demasiado cerca
para que taña la campana en mi cabello.
Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped
que abriera las paredes a su paso.
Ya jamás volveré a morir tan levemente,
tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,
como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo el silbido
y veo la escama reluciente de esta palabra,
petrificada en abrazo. Él duerme,
en este momento, más al alcance de la cajera de un circo
ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,
que de mí que estoy a su lado.
Ahora, para ella crece en él el valle
de hojas rojas cerrado por una montaña nevada
en el aire azul. Estoy demasiado cerca,
para caer del cielo. Mi grito
sólo podría despertarle. Pobre,
limitada a mi propia figura,
mas he sido abedul, he sido lagarto,
y salía de tiempos y damascos
mudando los colores de mi piel. Y tenía
el don de desaparecer de sus ojos asombrados,
lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,
Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.
En la punta de cada una de ellas, para su recuento,
Se han sentado ángeles caídos.

Versión de Elzbieta Borkiewicz 


Las cuatro de la madrugada

Hora de la noche al día.
Hora de un costado al otro.
Hora para treintañeros.

Hora acicalada para el canto del gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.
Hora y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada.

Hora vacía.
Sorda, estéril.
Fondo de todas las horas.

Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,
habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,
si es que tenemos que seguir viviendo.

De "Llamando al Yeti" 1957      
Versión de Gerardo Beltrán

Nada sucede dos veces...

Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.

En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.

Ayer mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.

Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una piedra?
Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.
Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura.

De "Llamando al Yeti" 1957         
Versión de Gerardo Beltrán 

(este poema ni se acerca a su melodía original, pero es uno de mis preferidos en polaco y no pude dejarlo fuera)

Y por último: 

Conversación con una piedra

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.
Quiero penetrar en tu interior,
echar un vistazo,
respirarte.

-Vete -dice la piedra-.

Estoy herméticamente cerrada.
Incluso hecha añicos,
sería añicos cerrados.
Incluso hecha polvo,
sería polvo cerrado.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.
Vengo por mera curiosidad.
Sólo la vida permite satisfacerla.
Quisiera pasearme por tu palacio,
y luego visitar una hoja y una gota de agua.
No me queda mucho tiempo.
Mi mortalidad debería ablandarte.

-Soy de piedra –dice la piedra-

Imposible perturbar mi seriedad.
Vete,
no tengo músculos risorios.
Llamo a la puerta de una piedra.
Soy yo, déjame entrar.
Me han dicho que encierras salas enormes y vacías,
nunca vistas y bellas en vano,
mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie.
Confiésalo: ni tú misma lo sabías.

-Salas enormes y vacías –dice la piedra-.

Pero no hay espacio disponible.
Bellas, quizá, pero no para el gusto
de tus limitados sentidos.
Puedes verme pero nunca catarme.
Mi superficie te da la cara,
pero mi interior te vuelve la espalda.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.
En ti no busco refugio para la eternidad.
No soy desdichado.
Ni carezco de techo.
Mi mundo merece el regreso.
Quiero entrar y salir con las manos vacías.
La prueba de haber estado en ti
se limitará a mis palabras
en las que nadie creerá.

-No entrarás –dice la piedra-.

Te falta el sentido de la participación.
Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo.
Incluso la vista omnividente
te resultará inútil si eres incapaz de participar.
No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo,
mero intento, vaga fantasía.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.
No puedo esperar mil siglos
para entrar en tus paredes.

-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-,

acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo,
o a la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja.
Pregunta también a un cabello de tu cabeza.
Estoy a punto de reír a carcajadas,
de reír como mi naturaleza me impide reír.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.

-No tengo puerta –dice la piedra.

domingo, 23 de octubre de 2011

Miłosz en España y América Latina

Fot. Maciej Bilewicz
Volviendo al tema de las celebraciones del año de Czeslaw Milosz les quería dejar con una página que pusieron los organizadores para el público hispanohablante:  Miłosz en España y América Latina. Interesante tanto para los que no sepan nada sobre este Nobel polaco y para los admiradores. Prometen actualizaciones, así que echénle un vistazo también más tarde. A ver si México marca su presencia en algún momento.

domingo, 14 de agosto de 2011

El año de Czesław Miłosz

Pocos lectores hispanohablantes sabrán que este año ha sido nombrado El Año de Czesław Miłosz, premio Nobel polaco de literatura.

Escritor, poeta y ensayista. Uno de los mejores, si no es que el mejor de los que salieron de mi país. Nació el 30 de junio de 1911 y justo hoy se cumple el séptimo aniversario de su muerte. Por motivos políticos  (se oponía fuertemente al comunismo, lo que se refleja en sus escritos) emigró a EEUU donde daba clases de literatura en la Universidad de Berkeley.

Lo descubrí en la preparatoria, o más bien me introdujo a su mundo mi profesora de literatura, y desde entonces en mi cabeza rondan algunos versos de sus poemas. Su poesía es fuerte, con una melodía pegajosa; el ritmo y la estructura que utiliza no coinciden con el ritmo cotidiano del polaco. Sus versos riman, pero no son rimas obvias, perfectas, sino asónicas, menos evidentes, no saltan a primera vista.

Quise publicar un poema suyo, muy famoso, "Canción sobre el fin del mundo" pero la traducción oficial al español de Barbara Stawicka no me gustó e hice una diferente. Les publico abajo las dos, sin decir cuál es la mía y les pido que opinen, objetivamente, cuál de las dos traducciones les gusta más.

Traducción 1:

Canción sobre el fin del mundo

En el día del fin del mundo
Una abeja ronda la flor de la capuchina,
Un pescador arregla su brillosa red.
Felices delfines brincan en el mar,
Pequeños gorriones  sobre el canalón se posan
Y la víbora con su piel dorada, como debería ser.

En el día del fin del mundo
Mujeres  pasean por el campo bajo sus sombrillas,
Un borracho a la orilla del pasto dormita
Verduleros en la calle gritan
Y lanchas con velas amarillas a la isla se acercan.
Vibra en el aire la melodía del violín
Y la noche estrellada inicia.

Y los que esperaban relámpagos y truenos,
Decepcionados están.
Y los que esperaban señales y trompetas de los arcángeles,
No creen que sucede ya.
Mientras que el sol y la luna en su lugar sigan
Mientras  que los abejorros a las rosas concurran,
Mientras nazcan los bebés rosados,
Nadie cree que sucede ya.

Sólo un viejito canoso, que sería profeta,
Pero no es profeta, pues tiene otras cosas que hacer,
Atando los tomates al tutor dice:
Otro fin del mundo no sucederá,
Otro fin del mundo no sucederá.


Traducción 2: 


Canción sobre el fin del mundo


El día del fin del mundo
La abeja ronda sobre los geranios,
El pescador teje una red luminosa,
En el mar juegan los alegres delfines,
Los tiernos gorriones saltan en el alero
Y luce dorada la piel de la serpiente,
Como debe ser.

El día del fin del mundo
Las mujeres van por el campo bajo las sombrillas,
El ebrio dormita a la orilla del césped,
Los verduleros gritan en la calle,
Y una lancha de vela amarilla encalla en la isla.
El tono del violín vibra en el aire
Y entreabre la noche estrellada.

Y los que esperaban relámpagos y truenos,
Quedan decepcionados.
Y los que esperaban señales y trompetas del arcángel
No creen que ha llegado la hora.
Mientras el sol y la luna estén en el firmamento,
Mientras el abejorro hechice a la rosa,
Mientras nazcan los niños dichosos,
Nadie cree que ha llegado la hora.

Sólo el anciano de cabello blanco, que podría ser profeta
Pero que no lo es, porque tiene otro oficio,
Murmura al coser las ristras de tomates:
Ya no vendrá otro fin del mundo,
Ya no vendrá otro fin del mundo.