Seamos sinceros, no es un libro al que queramos volver después de leerlo aunque la confusión al final pueda ser tan grande que necesitemos repasar ciertos pasajes desde el principio. Leí la novela del escritor español Antonio Orejudo después de escuchar la discusión de dos amigas. Una, no llegó ni a la mitad, diciendo que es el libro más repugnante y nauseabundo que ha leído, y la otra se sentía totalmente fascinada por la lectura. Tal vez la palabra “fascinación” no es la más adecuada, pero “morbo”, ese interés malsano por algunas cosas, me parece muy propia para describir mi experiencia lectora esta vez.
La novela empieza presentando la historia de una mujer que está regresando de un hospital psiquiátrico, después de haber ingresado a su marido por sus tendencias coprófagas. Durante su viaje conoce a Ángel Sanagustín, quien se presenta como psiquiatra del mismo hospital, especialista en análisis de textos escritos por los pacientes con enfermedades mentales. Después de una inocente pregunta, “¿Le apetece que le cuente mi vida?”, comienza el viaje, tanto de la protagonista, como el nuestro.
El primer capítulo es la obra maestra de Orejudo. Nos sumerge en un delirante mundo, donde una historia diverge de otra, justo en el momento cuando empieza a captar nuestro interés. Después de unas veinte páginas, me encontraba en el estado de máxima irritación y cuestionando mi propia salud mental y creo que es el logro más grande del autor; no sólo nos presenta con las enfermedades mentales, pero a través de la estructura misma de la novela hace que perdamos la certeza sobre nuestro propio estado psiquiátrico.
“Ventajas de viajar en tren” describe el mundo contemporáneo empapado en la locura, donde nadie es quien dice ser. Tenemos a un hombre que empieza a tratar a su esposa como perro. Lo que al principio parece un juego sexual hasta divertido, después llega a unos niveles indescriptibles y se nos permite observar a la mujer comiendo del suelo, durmiendo en la casita y portando obviamente el indispensable collar. En otra historia el narrador describe con lujo de detalle, el macabro mundo de los negocios cuyo único fin es satisfacer a los pervertidos sexuales. Después de haber leído otro relato, nunca miraremos igual al camión de la basura…
Como dije al principio, no es un libro bonito, sin embargo es un ejemplo de gran literatura. La estructura es magnífica, una verdadera obra de arte, todas las historias, que aparentemente no tienen nada que ver, se cierran al final con un giro inesperado pero sumamente lógico si nos ponemos a repasar la novela paso por paso.
Además, el libro logra mantener nuestro interés constante desde la primera frase: “Imaginemos a una mujer que al volver a casa sorprende a su marido inspeccionando con un palito su propia mierda.” Este podría ser sin duda uno de estos comienzos célebres que nunca se te olvidan, aunque no lo podamos repetir con tanta alegre presunción como el del coronel Buendía frente al pelotón de fusilamiento.
Es un libro de locos, narrado por locos y para locos. Todo en él nos lleva a la impostura, dejamos de creer en cualquier cosa que se nos dijo al principio o durante la lectura; en la última página nos sentimos engañados igual que la protagonista. Sin embargo, ¿tenemos derecho a enojarnos? Al fin y al cabo, la novela, la ficción, nunca es otra cosa que una enorme impostura.
Texto publicado por primera vez el 16 de octubre, 2013 para la Ruta383.
Texto publicado por primera vez el 16 de octubre, 2013 para la Ruta383.

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