miércoles, 31 de julio de 2013

" En la corte del lobo" de Hilary Mantel

Hilary Mantel no es un nombre nuevo en Inglaterra, pero el resto del mundo se dio cuenta de su existencia en 2012 cuando ganó su segundo premio Booker. Ganarlo por segunda vez no es cualquier cosa; una mujer jamas lo había conseguido. Hilary Mantel hizo historia y además, con la secuela de su primer libro ganador. Se suele decir que las segundas partes nunca son buenas, tanto en el cine como en la literatura pero Mantel nos demuestra que no es cierto.

"En la corte del lobo" es la primera parte de la trilogía sobre Thomas Cromwell, el hombre de confianza del rey Enrique VIII. Digamos que una novela histórica de más de 750 páginas no es un libro que la mayoría de los lectores agarre por voluntad propia (me costó bastante trabajo convencer a mi propia madre que lo comprara y leyera) pero el libro te agarra desde el primer párrafo y ya no te suelta.

¿Cuál es el secreto? No puede ser la trama. La historia de los Tudors es bien conocida y sabemos que la gran mayoría de los personajes principales acabarán decapitados. Enrique VIII pasó a la historia por el hecho de separarse de Roma, proclamarse a sí mismo cabeza de la Iglesia y por casarse seis veces en busca de su heredero. Para poder casarse con una mujer nueva o bien anulaba el matrimonio anterior, o ejecutaba a su esposa. Sólo Jane Seymour murió sin su ayuda, después de dar a luz.

Lo fascinante de este libro es la manera como Mantel recrea a Thomas Cromwell, el personaje principal. Cromwell ha tenido muy mala fama en la historia de Inglaterra, en oposición a Thomas Moro, considerado un santo. Mantel, consigue voltear los papeles y Cromwell se gana nuestra simpatía para siempre. El libro está escrito en presente, en tercera persona, con un narrador omnisciente, y la escritora consigue trasladarnos a la Inglaterra del sigo XVI. A Cromwell lo llama "él", en un tono intimista, como si tuviera que ser obvio entre tantos personajes que este "él" se refiere justo a él. ;-) Por lo mismo, se acorta la distancia entre el lector y el personaje principal y yo personalmente, durante la lectura, tuve la impresión de estar todo el tiempo detrás de los hombros de Cromwell. La sensación de formar parte de esto mundo ficticio, aunque histórico, es lo que hace el libro tan especial.
El único retrato de Cromwell pintado por Holbein,
también el personaje del libro.

Cromwell nos guía, nos fascina y nos conmueve. Se gana nuestro respeto y admiración, aunque parezca un
asesino o perro de pelea, según sus contemporáneos. Reconoce en un momento que la historia no le hará justicia y alabará en cambio al intransigente Thomas Moro. Después de una conversación con su rival, dice sobre él:

 - Supongo que ahora está escribiendo una versión del día -dice él-. Y enviándola fuera del reino para que la impriman. Y en Europa, basándose en ella, nos considerarán todos unos necios y unos opresores. Y él será la pobre víctima y el más elocuente.

Es muy interesante, cómo Mantel rompe con la centenaria fama de Moro y consigue que Cromwell deje de ser el malo del cuento. Es fascinante, cómo a base de los escasos documentos históricos, cartas y memorias, consigue crear este mundo tan creíble y estos personajes tan de carne y hueso.  Su imaginación es extraordinaria, pero en ningún momento creemos que nos esté contando algo que puede ser que no sea cierto.

Se dice que cuando cerramos un libro, cerramos un mundo, y esto es muy cierto con el libro de Hilary Mantel. Nos ganan las ganas de sumergirnos otra vez en la Inglaterra de Cromwell. Y repito, crear esta sensación en el lector con una novela histórica de 750 páginas y con una historia que todo el mundo ya conoce, me parece grandioso. Gracias a Dios, nos espera la segunda parte, también galardonada con el Booker, "Una reina en el estrado".

to be continued...



miércoles, 10 de julio de 2013

"Matar a un Ruiseñor" – no es libro para niños

O más bien, es mucho más que un libro para niños. Hoy en día, es bastante común encontrar películas dedicadas al público joven que esconden contenido entendible sólo para adultos pero no tanto los libros. Uno de los pocos ejemplos que  se me viene a la mente es la serie del pequeño Nicolás de René Goscinny y Jean-Jacques Sempé, que los niños disfrutan pero los adultos se ríen a carcajadas. Curiosamente el primer libro de esta serie se publicó el mismo año que  “Matar a un ruiseñor” de Harper Lee, en 1960.

La narradora de “Matar a un Ruiseñor” es Scout, una niña de 6 años cuando comienza la historia y la gran mayoría de su relato está contada desde la perspectiva infantil, aunque a veces podemos leer comentarios de una Scout ya adulta. Por la edad de la narradora, el libro ha sido clasificado como literatura infantil. Acabo de leer en “The Guardian” un artículo, donde mencionan este pequeño “defecto” de la novela. En resumen, es grande, pero al final, es un libro para niños, aunque puede ser que no le importe al lector.


Al leer esto, salté indignada. Acabo de releer la novela con mis estudiantes de noveno grado (15 años) y quedé totalmente encantada. De hecho, y muy a mi sorpresa, el libro se colocó entre los mejores libros que he leído… Tengo un vago recuerdo de haber leído la historia cuando era niña, y justo lo que recordaba era la historia, nada más. Ahora, cada página me fascinaba con la manera de narrar tan envolvente que no podía dejar de leer. El clima que crea es irrepetible y los personajes muy bien definidos que se quedan contigo mucho después de cerrar el libro. ¡Y el sentido del humor! No me acordaba de nada de esto de mi lectura anterior y ahora me reía y sonreía a cada rato.

Aunque mis estudiantes se toparon con el libro ya un poco más grandes que yo en mi primera experiencia, y aunque el libro les gustó a la mayoría, pude notar que todavía no eran capaces de apreciar el libro en su totalidad. Había fragmentos que necesitaban mi explicación y evidentemente no les hacían gracia los mismos pasajes. Puede ser que no sea sólo la edad, que el libro perdió algo de actualidad con los años y las referencias son más difíciles de captar, pero de todas formas, se necesita mucha madurez para dar a este libro el lugar que se merece.


No es fácil de explicar la magia de este libro. No es una novela que pretende estar en la misma liga que digamos “Los hermanos Karamazov”, no pretende tocar las grandes cuestiones filosóficas, sin embargo te hace pensar y pensar; y Maycomb se vuelve un lugar muy real para quienes han leído la historia, como Macondo…

lunes, 10 de junio de 2013

El onírico mundo de "Kitchen" de Banana Yoshimoto


Llevaba mucho tiempo queriendo leer este libro, un clásico de la literatura japonesa, de la jovencita escritora que sorprendió a los críticos en el año 88. Desde aquel tiempo solamente en Japón hubo 60 re-ediciones y varias películas. En 2011, en la FIL en Guadalajara tuve este libro en mis manos pero por razones de presupuesto tuve que tomar unas decisiones difíciles y “Kitchen” perdió contra “De qué hablo cuando hablo de correr” de Haruki Murakami. No me arrepiento de aquella elección, el libro de Murakami es espléndido, aunque muy diferente de sus novelas, y la historia de Yoshimoto me llegó en su momento, hace unos dos meses.

La descargué a mi iPad, maravillada por el mundo lleno de libros disponibles en unos segundos y  en mis estanterías virtuales aterrizó “Kitchen”.

El libro se podría leer fácilmente en unas dos o tres horas; son un poco más de 100 páginas. Sin embargo, no lo recomiendo. Ya en las primeras páginas frené mis ojos que saltaban de una frase a otra con la rapidez habitual y volví a leer desde el principio. Despacio, maravillada por cada palabra que se visualizaba en mi mente.

No había leído casi nada de la literatura japonesa excepto los libros de Murakami y estos llamaron mi atención por diferentes. Quería ver si es Murakami o los japoneses en general. Hay algo en la manera de narrar de Murakami que nos hace olvidar la historia que acabamos de leer, apenas cerramos el libro, y sin embargo su mundo nos envuelve durante varios días después de terminar la lectura. Banana Yoshimoto es justo esto, pero a la potencia.

Digamos que la historia no importa tanto, pero sí, es interesante. La protagonista principal, Mikage, se queda sola, después de la muerte de su abuela y se refugia en la cocina. Literalmente. El sonido de la nevera la tranquiliza y le ayuda a dormir. La puedo entender. Cuando era pequeña, mi cuarto estaba al lado de la cocina y sólo una delgada pared separaba mi cama de la ruidosa nevera, orgullo de la producción comunista. Un día, Yuichi, un joven que conocía y apreciaba a su abuela, lleva a Mikage a su casa para que viva con él y con su hermosa madre Eriko el tiempo que quiera.  Un pequeño detalle, resulta que Eriko en principio era su padre, pero después de la muerte de su  mujer, cambió de sexo para que su hijo no se criara sin la madre. Esta nueva familia, aunque lejos de ser perfecta, le trae por un tiempo la paz y calma que Mikage necesita para recuperarse emocionalmente. Aunque Mikage es la protagonista principal, todos los demás personajes lo parecen en algún momento. Todos están de alguna manera rotos, traen un sufrimiento que intentan esconder a los ojos de los demás, están al borde de perderse, y cada uno de ellos nos preocupa y duele igual.

Sí la historia es sin duda interesante, pero lo que yo recuerdo son las sensaciones. Parece que el talento más grande de Banana Yoshimoto reside justo en esto. No en hacerte imaginar la cosas, pero en hacerte sentir. Y son sensaciones totalmente nuevas, diferentes, oníricas, impregnadas de olores y sabores que no pertenecen a la tradición occidental. Puedo cerrar los ojos y aun ahora sentir esa magia y extrañez que emana de cada página del libro.

Es un libro hermoso, cuya belleza reside en cada palabra, sin embargo su función principal no es la estética. Cada una de las palabras de la historia de "Kitchen" explota en tu mente con mundos enteros, completos y que afectan a todos los sentidos. Inolvidable.